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jueves, 18 de agosto de 2016

¡Bienvenido #numeral!

¡Hola bookworms! ¿Cómo están? Yo feliz de compartirles una vez más algo muy especial. Tal vez ya no sea novedad, pero eso no le quita importancia. Dado que se abre una nueva puerta a un mundo de posibilidades para el blog, quise anunciarlo como realmente lo merece: le doy la bienvenida oficial al nuevo sello editorial #numeral. Estoy muy contenta y agradecida de la oportunidad que me ha brindado Cris Alemany y su equipo de trabajo. 



El sello #numeral fue lanzado el mes pasado, con Emmy & Oliver de Robin Benway inaugurando esta nueva ola de literatura young adult en el país. Y como si fuera poco, este mes Tru & Nelle de G. Neri es su novedad estrella. 
Apenas llegaron los ejemplares, no sucedió que los leí, sino que los devoré. Emmy & Oliver probablemente esté entre mis lecturas favoritas del año. Es una novela hermosa, con un gran peso del factor amistad de por medio y un relato que provoca escalofríos, introduciendo un poco de misterio a la trama.



Por otro lado, Tru & Nelle es una pequeña gran historia dedicada especialmente para aquellos que admiran, o tuvieron alguna vez la oportunidad de leer, la obra de dos grandes de la literatura: Truman Capote y Harper Lee. Y no es coincidencia que considere a Matar un ruiseñor y A sangre fría entre mis obras favoritas, simplemente son dos escritores asombrosos, por lo que lo fascinante de la obra es que recrea la amistad que los unió a ambos durante su infancia.



Sin dudas, un sorprendente y admirable comienzo para #numeral. Pronto podrán encontrar la reseña de ambos libros en el blog y, seguramente, novedades que nos traerán en los próximos meses.




Pueden encontrar más de #numeral en la comunidad Best Ya
Twitter: @SomosBestYa
Instagram: @somosbestya
y en





martes, 16 de agosto de 2016

Reseña: Reasons to stay alive (Matt Haig)


Título: Reasons to stay alive
Autor: Matt Haig
Publicación original: 2015
Editorial: Canongate Books Ltd




¿Qué significa sentirse realmente vivo?
A los veinticuatro años, el mundo de Matt Haig se derrumbó. No encontraba razones para seguir viviendo. Ésta es la historia real de cómo superó su depresión, triunfó sobre la enfermedad y aprendió a vivir otra vez gracias a los libros y la escritura.
Según el propio autor: «Escribí este libro porque los viejos clichés son los más reales. En el fondo del pozo todo se ve negro. Hay luz al final del túnel, aunque no la veamos… Y las palabras, a veces, pueden realmente liberarte».




Nunca antes había sentido tanta responsabilidad a la hora de dar mi opinión sobre un libro. Todas las valoraciones que hago con respecto a mis lecturas son siempre sinceras, honestas y nunca intentan favorecer o desprestigiar en vano a la obra en cuestión. Cada vez que emito mi juicio trato de elaborar un equilibrada mezcla entre lo que considero mi apreciación personal y una valoración lo menos subjetiva posible, dando un paso al costado y jugando a ser un crítico literario. Esta vez, de forma bastante azarosa, o quizás no tanto, di con un libro que llegó a mis manos como si una parte de mí lo hubiese estado pidiendo a gritos, aún sin saber de su existencia. Como la considero una de mis lecturas más personales desde siempre, voy a escribir desde un lugar un poco más allá del de la lectora de siempre.  

Hace un par de meses tuve la oportunidad de conocer a un maravilloso autor: Matt Haig. Claro, no fue un encuentro personal pero, sin dudas, fue algo mucho más importante y profundo. A través de Los humanos, leí por primera vez toda la magia que deja emerger a través de su pluma. Semanas atrás, inesperadamente, me encontré una vez más con Haig. Reasons to stay alive es un libro muy particular. Es un universo de luz que le da una cordial bienvenida a todas aquellas personas que experimentan esas incómodas y desagradables situaciones lideradas por la ansiedad y la depresión.

Antes que nada: NO ES UN LIBRO DE AUTOAYUDA. Ayuda, claro, pero no intenta en ningún momento pintarte la vida de rosa y dejar en tu mente frases memorables de luz y esperanza. Por el contrario, este non fiction parte desde la experiencia personal del mismo Matt Haig, tras haber padecido durante muchos años una fuerte depresión que llegó de la mano de una ansiedad que muchas veces le impedía salir de su casa y amenazó con destruir una extraordinaria carrera como escritor que apenas comenzaba.

Éste pequeño gran libro viene al mundo a decirte: "Bueno, creo que vos y yo lo sabemos bien: shit happens". Desde mi experiencia, me aventuro a decir que es una lectura de mucha fragilidad y no me gustaría dejar fuera de la fiesta a las personas que no han padecido alguna de estas enfermedades o sea cercano a alguien que  ha pasado por ello. Claro que la curiosidad o la sed de conocimiento, pueda llevarlos a querer leerlo y eso está completamente bien. Son libres. Pero dudo que puedan sentir su verdadera esencia, una suerte de experiencia 4D o algo similar. Justifico esto desde lo personal. Definitivamente hay un antes y un después para quién sufre este tipo de enfermedades "invisibles", como las define Haig. Hace dos años que sufro ansiedad. Hace poco más de dos años era una profesional trivializando enfermedades de este tipo. Pensaba que eran exageraciones de las personas que las sufrían, que se victimizaban, que un mal día podía simplemente solucionarse con una salida al cine, chocolate, helado o un lindo regalo. Desde que tuve mi primer ataque de pánico supe que algo en mí se había roto y que iba a costar mucho arreglarlo, si es que aquello era posible. Por eso, sin la experiencia, es muy difícil que puedas conectarte con este libro. Pero, en caso contrario, si combatimos los mismos dragones, me atrevería a pedirte tu dirección y enviártelo como uno de los mejores regalos que alguien puede hacer. 





Las palabras de Haig son absolutamente sinceras, transparentes y, a veces, un poco crudas. En éste pequeño libro de poco más de 200 páginas intenta volcar toda su experiencia y trazar una línea cronológica desde el comienzo de la oscuridad hasta sus actuales días de luz, sin omitir que, a pesar de haber superado lo peor, algunos días el pronóstico indica nubes repentinas y temporarias, aunque con suerte, fugaces. Este non fiction tal vez pueda convertirse en un manual, un libro de cabecera, o el título más hojeado de tu biblioteca. Simplemente es maravilloso. Combina capítulos sobre ansiedad, depresión, listas con consejos y advertencias, recomendaciones bibliográficas sobre el tema, autores que han pasado por la misma situación y han dejado prueba de ellos en sus obras, como la magnífica Emily Dickinson o Sylvia Plath. Habla también sobre el aspecto científico y espiritual, sobre las ventajas y desventajas de estas enfermedades. 

Nunca antes había encontrado alguien que comprendiera tan bien lo que se siente esta oscuridad, esta cosa "invisible" que nos aqueja a tantos y que pareciera nadie pueda ayudar, excepto nosotros mismos. Nos enseña que porque nadie lo vea y lo comprenda, no significa que debamos pretender antes los demás estar bien. Si una persona tiene gripe, hace reposo. La depresión y la ansiedad también son efermedades y al contrario de lo que digan los demás ("¡Arriba, ánimo!", "Salí a respirar un poco de aire puro", "No es para tanto"), está completamente bien quedarse todo el día en cama y no hacer nada. No hay espacio para la culpa, ya cargamos con una mochila bastante pesada como para detenernos a pensar en el qué dirán. Nos enseña también que al final del túnel hay luz, pero para alcanzarla es necesario atravesar un largo camino y que lo que uno a veces siente no te hace infrahumano o extraterrestre, hay siete billones de personas en el mundo y en este momento, en algún rincón del planeta, alguien está pasando por lo mismo que vos.




“How to stop time: kiss.

How to travel in time: read.
How to escape time: music.
How to feel time: write.

How to release time: breathe.”


MI CALIFICACIÓN



sábado, 13 de agosto de 2016

Escritura random #5



¡Hola bookworms! ¿Cómo están? ¡Ja! ¿pensaron que no me iba a sentar a escribir algo para Escritura Random? Bueno, quizás era para el viernes y hoy es sábado, pero... más vale tarde que nunca.
Anunciado esto, quisiera preguntarles a los primeros comentarios: por casualidad ¿ustedes leen el resto de los comentarios para chusmear los elementos que deja el resto de los lectores? ¿o es simplemente un extraño amorodio hacia mí? ¡Es broma, don't worry! Pero en serio, no sé de dónde sacan tanta imaginación para incluir elementos TAN random. A medida que leo los comentarios entro en pánico... aún así, escribo. A todo o nada. No importa si me indican un astronauta, una ardilla y un control remoto, algo se me va a ocurrir y voy a escribir, aunque mis relatos o escenas sean lo más awkward del mundo y me den unfollow. No importa, realmente me divierto ♥
En fin, éste fue el relato más difícil de todos, me siento bastante rara en cuanto al resultado, pero ya vendrán mejores. La idea es practicar escritura y divertirme en el proceso. Los elementos que me dejaron la semana pasada fueron: un bombero, un estudio de danza, la madrugada y un pintor. Y lo que salió de esa extraña mezcla es lo siguiente:





    La fuerza de la gravedad con que sus cansados pies luchaban para despegarse del piso y llegar a su destino era demasiado grande, tanto como para hacerle dudar si sería capaz de alcanzar su objetivo, pero era apenas una pequeña y suave pluma meciéndose al son de una brisa primaveral al compararla con lo que su corazón sentía en ese momento.   No solo sus pies le pesaban. También sus brazos, sus manos, su cabeza y sobre todo el traje embarrado que llevaba puesto y que, fundido con el calor, hacía confundir las espesas gotas de sudor que bañaban su piel con las desesperadas lágrimas que comenzaban a emanar desde lo más profundo de su ser.
   La luz se filtraba a través de la persiana americana del gran ventanal que daba a la calle principal. Una vez que sus pasos se detuvieron frente a la puerta del estudio sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. Intentó convencerse a sí mismo que todo era una pesadilla, un momento de irrealidad que podría haberle ocasionado la prolongada deshidratación a la que se había visto expuesto aquella noche y a la que se veía obligado a lidiar durante cada jornada laboral. El calor incesante, las grandes bocanadas de humo que salían de las ventanas más desafortunadas, la sirena decidida a destruir la calma de cualquiera, el susurro de los que querían saber, el grito de los que bien sabían, el fuego que destruía todo a su paso...
   Suspiró profundamente intentando desacelerar los latidos de su corazón, inhaló y exhaló una vez más para apaciguar las náuseas y el mareo que lo habían perseguido las diez cuadras que lo separaban del caos y la miseria que acechaba la casa de la señora Beltrán. Se dijo a sí mismo que estaba bien, que era un día normal como cualquier otro. Era martes, y los martes era el día en el que el pasaba a buscar a Mel. Solía llegar del trabajo quince minutos antes, con ropa olor a suavizante y el pelo aún goteando agua de aquella reconfortante ducha que marcaba un espacio entre su sacrificado trabajo de héroe y la vida familiar que lo esperaba del otro lado de la ciudad. Esas pequeñas esperas se convertían en horas. No era un hombre hecho para la quietud y el silencio. Estaba tan acostumbrado a la acción que no le importaba cruzarse a la heladería de enfrente a comprar dos batidos de la más rosada cereza y asomarse por el ventanal para disfrutar de una ronda de tutús danzantes al ritmo de la música clásica más cliché que encontraba la señora Beltrán para usar en sus clases de ballet. Prefería esa pequeña rutina a permanecer en el abombamiento de su auto, aún cuando a veces incluyera segunda ronda de batidos y una breve parada por los juegos del centro comercial.
   Aunque las luces teñían las veredas de naranja y en la puerta aún seguía ocupando su lugar el amarillento cartel que pedía silencio y paciencia hasta que la clase concluyera (lo que significaba no tocar timbre ni golpear la puerta bajo ningún pretexto), la tragedia se percibía en el aire... ese aire que faltaba, ese murmullo ausente, la música que ésta vez no llegaba a sus oídos. Pero había luz. Tal vez la clase hubiera terminado antes y Mel estuviera cambiándose las zapatillas de punta por las viejas de lona, estampadas con arcoiris y ponies rosados.
   Pensó que el amor y la desesperación eran el mejor pretexto para interrumpir la artística y aristocrática clase por lo que decidió no demorar un segundo más en golpear la puerta. Su corazón bombeaba aún más fuerte. La adrenalina corría por todo su cuerpo. No podía esperar más. Mientras su mano se acercaba al picaporte, éste se movió repentinamente y la puerta se abrió. Un ruido seco anunció el choque del duro plástico de su casco contra el piso. Un hombre entrado en años se asomó y permaneció unos segundos sin decir nada, a la espera que aquel joven dijera algo. 
   El joven nada dijo. En su interior algo se había roto para siempre. Sabía que ese hombre de overol desteñido y con manchas de pintura rosa en sus manos y cara era el pintor del que le había hablado la señora Beltrán la semana pasada. Sabía que hoy era día de refacción y que las galletitas que habían vendido Mel y sus amigas durante los últimos dos meses, golpeando las puertas del barrio, pretendiendo ser niñas exploradoras, era para recaudar fondos para el estudio, con la promesa de que las nuevas paredes dejarían las manchas indecentes y combinarían con sus pomposos tutús color batido de cereza. Sabía también que el fin de semana había estado bastante ocupado al teléfono como para leer con detenimiento esa nota que su hija le pidió que firmara. Sabía que su esposa estaba en lo cierto cuando contestó su llamada diciéndole que Mel pasaría la tarde con sus compañeras en el departamento de la profesora de danza, que tomarían el té, comerían masas finas y escucharían El lago de los cisnes de Tchaikovsky. Sabía que hacía un par de horas que ya era miércoles y que aquello no era un malentendido, que las chamuscadas zapatillas de punta que tenía en las manos eran las que le había comprado a Mel luego de tanto insistir esa tarde lluviosa a la salida del dentista. Sabía que el incendio que se esmeraban por apagar era de una reconocida profesora de danzas del centro de la ciudad, según los vagos murmullos que llegaban a sus oídos entre el griterío de los vecinos del resto del edificio. Sabía que esa noche quedaría grabada para siempre en su memoria, que esa sería la última vez que sus brazos acurrucarían a su pequeña... la clase había finalizado. 



Las consignas para la próxima escritura son:

• El primer comentario deberá indicarme un PERSONAJE (una niña, un abuelo, un perro, un astronauta, un hombre lobo, etc.)

• El segundo comentario deberá indicarme un ESCENARIO (bosque, plaza, Marte, la luna, una isla)

• El tercer comentario deberá indicarme el TIEMPO (día, noche, atardecer, medianoche)

• El cuarto comentario podrá optar por un SEGUNDO PERSONAJE o por un OBJETO(libro, varita mágica, globos, trenes, etc.)


¡Que tengan un lindo sábado! ♥







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